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Entrañable actitud de una ballena jorobada ayudando unas focas

9 agosto 2016

A pesar que existen cientos de historias sobre delfines y ballenas que salvan vidas humanas, hace unos meses en la antártica dos investigadores norteamericanos, Robert L. Pitman y John W. Durban observaron un evento que cautivó su atención con una ballena jorobada de protagonista.

Mientras se encontraban buscando una potencial nueva especie de orca conocida por cazar en grupo a las focas, mediante la técnica de desestabilizarlas de su apoyo y cazarlas en el agua, los investigadores observaron a un par de ballenas jorobadas que se agitaba en el agua, golpeándola fuertemente con la cola y sus enormes aletas pectorales.

ballena jorobada 5

En principio los científicos pensaron que las ballenas estaban siendo atacadas por el grupo de orcas también, pero no observaron ningún signo de agresión por parte estas últimas.



Un inciso: A diferencias de la orca que pertenecen a la familia de los odontocetos o cetáceos con dientes, las ballenas son misticetos y filtran su alimento y por lo tanto no tienen dientes sino largas placas formadas de queratina que salen de sus maxilares que son conocidas como barbas.

ballena jorobada


Posteriormente, los investigadores, junto a un equipo de la Unidad de Historia Natural de la BBC, observaron cómo una de las focas que caía al agua por efecto de las olas creadas por las orcas nadaba rápidamente hacia una ballena jorobada y el enorme mamífero se daba vuelta sobre su espalda permitiendo a la foca subir surugoso pecho entre sus aletas dorsales. Mientras las orcas se aproximaban, la ballena arqueó el pecho, levantando a la foca fuera del agua.

Sin embargo el agua que se deslizaba entre los pliegues del pecho de la ballena amenazaron con devolver la aterrorizada foca al agua pero con un suave movimiento de la enorme aleta pectoral de la ballena retornó a la foca a la seguridad de su enorme cuerpo.

ballena jorobada 3

Cuando las orcas se alejaron del lugar de la caza, la foca regresó al agua y rápidamente se subió a un bloque de hielo.



De acuerdo con los investigadores, el ataque de las orcas podría haber activado el mecanismo de defensa maternal de las ballenas. Esta conducta, conocida como alomaternal, se caracteriza por el cuidado de un animal a otro que no es su cría y puede observarse entre especies distintas.

Los seres humanos somos un ejemplo de esta conducta cuando crían y cuidan mascotas. 

De acuerdo a Pitman y Durban “cuando un ser humano protege a otra especie amenazada de peligro, lo llamamos compasión pero cuando lo hace una ballena lo llamamos instinto. Sin embargo a veces esta distinción no es clara del todo”.

ballena jorobada 2



Cualquiera haya sido el motivo, esta es una historia sorprendente que demuestra que a diferencia de la denominada “caza científica” de ballenas que realiza Japón en aguas antárticas, la investigación de ballenas vivas nos permite conocer aspectos inimaginables de estas especies y nos recuerda que tenemos mucho que aprender antes de adoptar medidas que afectarán para siempre la conservación de las ballenas a largo plazo.

La Yubarta (Megaptera novaengliae), también conocida como ballena jorobada, es una de las ballenas más distribuidas del mundo. Se pueden encontrar en zonas costeras, y en primavera migran desde los trópicos a las regiones ártica y antártica.

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Después de la prohibición internacional de la caza de yubartas a partir de los años sesenta estas se recuperaron y empezó a aumentar la población. Actualmente se está llevando a cabo un estudio llamado Splash que podría establecer que hay aproximadamente unos 10.000 de estos animales. Tienen crías generalmente cada dos o tres años. El embarazo dura once meses.

ballena jorobada 4

Es raro, pero ciertas hembras pueden reproducirse dos años seguidos. La cría puede medir al nacer entre 4 y 4′5 metros y pesar aproximadamente 700 kilos. Esta será amamantada por su madre durante un año; ella será la única que le alimente durante los seis primeros meses. Durante los seis siguientes también se alimentaran de lo que puedan capturar ellos mismos. Abandonan sus madres a los dos años cuando llegan aproximadamente a los 9 metros de largo y alcanzan la madurez sexual a los cinco años.

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