Turismo náutico remontando en barco el río Guadalquivir

Descubre como disfrutar del Guadalquivir en el tramo que va desde su desembocadura hasta Sevilla, o viceversa. Un autentico deleite de la navegación.

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Turismo Náutico Guadalquivir
©Nautical News Today

De Chipiona hasta Sevilla, el río Guadalquivir ha sido el camino fluvial de la prosperidad.

El bajo Guadalquivir es uno de esos destinos que te atrapa si lo que te gusta es la naturaleza, la navegación y la historia. Esta zona final de río que une el área metropolitana de Sevilla con Sanlúcar de Barrameda, donde se abre camino hacia el océano Atlántico ha sido uno de los puntos más importantes que cuenta España a nivel marítimo.

A partir del descubrimiento de América en 1.492, estas cuarenta y cinco millas que transcurren desde la desembocadura del río Guadalquivir hasta la exclusa de la dársena interior del puerto de Sevilla han sido de las más transitadas por barcos de diferentes tamaños y honores trayendo todo tipo de mercaderías que enriquecían al Reino de España.

Pero como ya se sabe, todo busca su equilibrio… y después de una época dorada vino el declive de esta ruta fluvial debido a que los sedimentos se acumulaban en algunas zonas del río y lo hacían intransitable al embarrancar a los barcos, provocando graves dificultades y pérdidas.

Ya en nuestra época, la ruta fluvial entre la desembocadura y Sevilla ha vuelto a ser navegable siendo utilizado por mercantes pequeños, cruceros fluviales y barcos deportivos a diario.

Cuna de grandes artistas

Ambas orillas del río Guadalquivir han sido testigo del nacimiento de grandes pintores y literatos como Francisco Pacheco, maestro y suegro de Velázquez, o Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática castellana. Ya en la actualidad, artistas de la talla de Rocio Jurado o de Juan Peña “El Lebrijano” han dejado esa simiente cultural que se ha transformado en un gran número de eventos culturales como el Festival de Jazz “Ciudad de Sanlúcar”, el Festival Internacional de Música “A orillas del Guadalquivir” o el festival de flamenco Las noches de Bajo Guía.

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El baluarte de Doñana

Uno de los grandes atractivos de esta ruta fluvial por el río Guadalquivir es su linde con el Parque Nacional de Doñana. Una explosión de vida, Patrimonio de la Humanidad  y Reserva de la Biosfera por la Unesco, que está considerada como la mayor reserva ecológica de Europa.

Pero visitar bien esta joya del planeta no siempre es fácil. Es muy recomendable buscar un buen guía que te ayude a encontrar las maravillas que este espacio natural esconde ya que a los ojos inexpertos de un profano en el avistamiento de aves o de fauna salvaje es bastante probable que lo único que encuentres sean legiones de mosquitos encantados de darte la bienvenida a su humilde morada.

Remontando el Guadalquivir

Sin lugar a dudas, uno de los objetivos claros de este viaje náutico es remontar el Guadalquivir como lo hicieron miles de marinos, sobretodo, a partir del siglo XV. ¿Sabías que Cristobal Colón no remontó nunca con vida el Guadalquivir? Al menos no quedan datos que demuestren que ningún navío comandado por este histórico almirante español lo hiciera. Si lo hizo ya fallecido a bordo del yate “Giralda” cuatro siglos después de su muerte en busca de su sexto entierro conocido.

Comenzamos nuestro viaje náutico-fluvial en la Marina de Chipiona. Calcular el tiempo que durará nuestra travesía es algo complicado ya que según esté la marea subiendo o bajando, la corriente puede bajar a mayor o menor velocidad, impidiendo nuestro avance normal. Es por eso que es muy recomendable saber como se encuentra la marea y como se va a encontrar en nuestro camino ya que puede hacernos errar en los cálculos. Lo más recomendable, preguntarle a algún marinero local.

A pocas millas de Chipiona nos encontraremos a estribor Sanlúcar de Barrameda como primera población y un punto interesante dentro de nuestra travesía. Con playas de arena fina como las de Bajo de Guía o La Calzada a pie del paseo marítimo, es un buen sitio para fondear pese a haber comenzado nuestra travesía. Un buen Barbadillo fresquito y unas tortitas de camarón bien pueden merecer esta parada para empezar con fuerzas nuestro camino hasta Sevilla.

A partir de este momento, subiendo por el río a babor estaremos bordeando Doñana con lo que es recomendable estar muy atento para poder divisar la fauna que allí habita.

Seguimos navegando y nos encontramos la primera zona donde tendremos que prestar algo de atención a nuestra navegación ya que en los meandros de Trebujena es donde nos podemos encontrar la corriente más brava e incluso mar montada. Pero también es donde nos encontraremos uno de los mejores secretos guardados del Guadalquivir. Os hablo del restaurante Venta Las Compuertas donde puedes deleitarte con platos tan impresionantes como el pato, las angulas o la gran especialidad de la casa, el albur de estero.

A partir de este punto, la navegación es placentera cruzando inmensos arrozales y zonas de cultivo de gran valor debido a la riqueza de sus tierras debido a los sedimentos que el río Guadalquivir les regala. También veremos fondeados las barcas que sirven para capturar la angula, también utilizados por los artistas del contrabando. Y es que no podemos olvidar que el bajo Guadalquivir, así como es un destino de turismo fluvial increíble, también ha atraído a comerciantes de otros productos muy demandados por la sociedad y mucho menos honorables. Es por ello que no es de extrañar cruzarte con los barcos de la Guardia Civil o sentirte observado desde el aire…

Llegamos a Puebla del Río y Coria del Río, donde la naturaleza da paso de nuevo a la civilización en la margen derecha del Guadalquivir, hasta llegar a la exclusa de la dársena interior del puerto de Sevilla, donde comienza otro de los momentos más mágicos de nuestro viaje.

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Si no has entrado por el río a Sevilla te has perdido una de las grandes maravillas de esta histórica ciudad. Magia pura nada más pasas el puente del Quinto Centenario o popularmente llamado “Paquito”.

Una vez dentro, dejarse flotar al atardecer con la Torre del Oro, la Maestranza y la Calle Betis de fondo, buena compañía, unas buenas raciones de gamba de Huelva y un vino blanco fresquito será una de esas cosas que no olvidarás en la vida.

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