[lang_es]La historia de una tempestad en la Antártida. IV de IV[/lang_es]

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La parte final de esta situación límite en el mar Antártico.

Menos mal que todo salió bien al final aunque la situación fue límite para todos los que estaban en mar y tierra.

“Nos llaman asustados desde el buque de la armada chilena y nos dicen que estamos a sólo 200 metros y directos hacia su casco, y en el último momento lo esquivamos.
Todo era una agonía, y se prolongó toda la noche hasta las 8 de la mañana, en el que Emilio consigue ver un poco de la orilla y Roger arrimó el velero aprovechando que el viento había aflojado algo.
Sólo en ese momento pudimos decir que estábamos salvados.

[/lang_es][lang_es]Estábamos rotos, extenuados y algunos en estado de shock. El velero estaba que daba pena verlo: hemos perdido el radar, la electrónica, las antenas y comunicaciones, parte de las barandillas, poleas, cuerdas, las velas, nos hemos quedado sin la planta de desalinización, sin agua, bombas estropeadas; en fin, que los destrozos son graves, y superan los 25.000$, pero todos estamos extrañamente relajados, ¡¡estamos vivos!! Hemos pasado la peor de las pesadillas.
Por la mañana nos dirigimos a la base española Gabriel de Castilla en esta isla, ellos estaban informados de nuestra situación y estuvieron pendientes toda la noche, porque mientras tuvimos radio dimos la alarma general al resto de los barcos, y estaban muy preocupados por nosotros. Nos ofrecieron toda su ayuda.
Antes de ir a verlos, ayudamos al velero francés que también tuvo muchos problemas e incluso pedieron su bote para saltar a tierra. La radio informa de que hay un gran crucero de turistas encallado y el barco español Hespérides va en su ayuda. Otro velero inglés ha encallado. Una pequeña base americana ha sido totalmente destruida y los científicos estaban en la playa sin nada. El buque de la armada Las Palmas les brindó ayuda y les indicó dónde los españoles tenemos un refugio cerca de su base destruida, y que utilicen todo lo que quieran, hay dormitorios, sacos de dormir, comida, etc…
Ha sido terrible, nos informan en la base, ellos también han tenido problemas, con un domo que les ha salido volando una parte, también una antena muy grande se les ha caído, etc… y en la otra base española Antártica Juan Carlos I, se les ha volado muchas cosas, entre ellas la moto de nieve. ¡Imaginaros llevar en volandas una moto de nieve!
Los de la base española antártica Gabriel de Castilla nos han invitado a paella para que se nos pase el susto. Nos han dado víveres, nos han regalado la antena de comunicaciones que nos falta, y nos facilitaron lo necesario para reparar el velero.
Ahora estamos frente a la base española reparando el velero, aunque definitivamente no tendremos velas, pero sí motor, por lo que seguiremos navegando más hacia el sur, hacia el interior de la península antártica, para visitar los canales helados más espectaculares de esta parte antártica.
Lo que tenemos claro es que la posible escalada en la isla de Amber se ha esfumado. Estamos agotados, muy impresionados por lo que nos ha pasado, y lo peor de todo es que tendremos que alterar nuestro calendario.
Por un lado perderemos mucho tiempo arreglando el velero, y por otro anuncian para el día 24 de este mes de febrero otro huracán más grande que el que hemos pasado, incluso dicen que en el Paso de Drake las olas podrían alcanzar los 20 metros de altura, y nos lo confirma el comandante de la armada española Las Palmas. Nos dice que ni locos nos metamos en el Paso Drake con esa tormenta sería casi la muerte, pero el caso que ese es el día que en teoría empezaríamos el regreso a Tierra de Fuego.
Ahora no podemos pensar, pero hay que condicionar nuestro regreso a las tormentas antárticas. Estamos en época muy avanzada y esto ahora es frecuente. Nos queda el regreso por los mares más terribles del planeta: Paso de Drake, y Cabo de Hornos. Este es sin duda un verdadero Desafío Extremo, pues lo haremos en un velero tocado por este temporal infernal, y nos anuncian peores tempestades.
Sinceramente estamos asustados, después del lo que nos ha pasado, y sólo queremos regresar, cuando la Antártida nos deje, mientras tanto intentaremos disfrutar de este lugar tan increíble, y seguro que algo se nos ocurrirá, no somos de quedarnos pardos, y eso ya lo sabéis…
Sólo pido poder seguir escribiéndoos crónicas más agradables y perdonad que esta haya sido monotemática de la tormenta, pero desde el día 17 de febrero, celebraré mi segundo cumpleaños. ¡¡Ha sido terrible, infernal esta experiencia huracanada en la Antártida!!
Estad atentos, que os seguiré informando.
Desde la furiosa Antártida, Jesús Calleja.

Fuente: Desafío Extremo de Jesús Calleja.

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