La farsa de la Comisión Ballenera Internacional

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Ya de nuevo la flota japonesa nos hace el “honor” de ser testigos de la reanudación de la cacería comercial de ballenas en el Santuario Ballenero Austral. Japón sigue cazando ballenas bajo el engaño de realizar investigaciones científicas y recientemente también en el Pacífico Norte. Tambien Noruega continúa con su cacería comercial en el Atlántico Norte desafiando abiertamente la moratoria de 1986. Para colmo, Islandia anunció su intención de reabrir la cacería de ballenas. Por ello, millares de ambientalistas europeos están proponiendo al gobierno islandés visitar ese país para observar ballenas a cambio de que respete la vida de esos magníficos animales.

En los últimos tres años, éstas naciones han incrementado el financiamiento para sus programas de cacería de ballenas y están buscando agresivamente el levantamiento de la moratoria. Incluso Japón ha dedicado una buena parte de su ayuda a países en desarrollo para comprar votos dentro de la CBI y reclutar a nuevos miembros que apoyen sus planes. La desaparición de la moratoria tendría un efecto devastador sobre las ballenas del mundo que apenas se están recuperando de decenas de años de sobrexplotación. Las ballenas maduran lentamente y presentan una reproducción tardía por lo que tardan mucho tiempo en ser adultas.  Y es que, a pesar de las promesas y los compromisos, la cacería comercial de ballenas nunca se ha realizado de manera sostenible para las poblaciones de ballenas ni para los ecosistemas marinos.

En 1975, la CBI introdujo un nuevo esquema de manejo. Se veía bien en papel: detendría la cacería sobre una población determinada si la población estaba disminuyendo. Pero en la práctica falló porque dependía de la información proporcionada por la industria ballenera, sector que se negaba de manera recalcitrante a proveer cualquier tipo de información que pudiera conducir a una reducción de cuotas. De hecho, ahora sabemos que la extinta Unión Soviética hizo trampa a gran escala: capturó más de 100 mil ballenas en el mundo con sus barcos factoría y escondió la información a la CBI y sus científicos.

Se reunieron en el mes de Junio en Madeira (Portugal)los integrantes de la Comisión Ballenera para alcanzar un acuerdo entre los paises que apoyan la conservación de las ballenas y Japón y… ¿que han conseguido, aparte de sacarnos el dinero de nuestros bolsillos?. Llevan un año de conversaciones con el fin de que esa semana de Junio diera sus frutos; sin embargo estos brillan por su ausencia.

Desde ese primer encuentro en Cambridge en 1959 hasta este muy extraño, raro y loco encuentro de la comisión ballenera de Junio, ha sido una via de frustraciones, descarada avaricia, histerismo, hipocresía, profunda estupidez, arrogancia impresionante e ignorancia increíble. También se ha observado los hilos de consistencia que han unido cada grupo de personas de la CBI: la inefectividad, las poses, el sinsentido burocrático y la confusión, establecidos en un cimiento ensamblado de matanza macabra, avaricia e interés personal. La CBI ha sido siempre y sigue siendo un demente chiste cruel, por supuesto, cruel para las ballenas y de no ser por este sufrimiento agonizante de estas inteligentes y gentiles criaturas, estas cuestiones anuales serían graciosísimas. La mayoría de estos payasos haciéndose pasar por delegados comparten los mismos rasgos macabros del infame Joker. Hablan con despreocupada insensibilidad sobre el asesinato de seres sensibles cuyos cerebros son más grandes y más complejos que los nuestros.
Mientras tanto, algunos de los delegados africanos y caribeños estaban haciendo buen uso de los fondos deslizados en sus bolsillos por los japoneses a cambio de sus votos. Es divertido ver a los delegados gastando dinero en prostitutas y lanzando fichas como confeti en la mesa de la ruleta mientras fuman puros habanos, todo bajo el pretexto de regular la caza ballenera.

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Los delegados a la CBI están divididos en tres grupos. Por un lado están las crueles naciones balleneras de Japón, Noruega, Islandia y Dinamarca con su séquito de seguidores que pagan a las naciones del tercer mundo que han prostituido su voto a sus dueños japoneses. En el otro lado están las acérrimas naciones por la conservación de las ballenas lideradas por Australia, Estados Unidos, Gran Bretaña y Nueva Zelanda. En el tercer grupo están los cazadores de subsistencia aborigen que tienden a confundir y fastidiar el proceso entero con su insistencia de que el asesinato de ballenas es parte de su cultura.
A fin de cuentas,ha sido la típica excursión de Alicia en el País de las Maravillas a través del espejo en el denso y misterioso mundo de la Loca y Rara Comisión Ballenera Internacional donde todo no es lo que parece y la realidad se pierde en una neblina cara de avaricia y de arrogancia antropocéntrica.
Mientras tanto, en los océanos del mundo, la inteligencia más altamente evolucionada que nunca haya bendecido este planeta, nada en la ignorancia fantástica ajena al hecho de que el animal más peligroso de la Tierra sigue obsesionado con compulsivos deseos asesinos y que ha demostrado ser incapaz de auto controlarse para acabar con la adicción naturo-psicópata de matar en serie de manera absurda.
Hago mias las opiniones de Sea Shepherd Conservation Society que estuvo al “pie del cañon” viendo como se desarrollaban las conversaciones y nos ha dado buen cuenta de todo ello.

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