Estamos acabando con la vida de los Oceanos

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Nuestros océanos han sido víctimas de un gigante esquema de Ponzi (estafa de “pirámide” económica) tramado por las pesquerías del mundo.  A principios de la década de los 50, con las pesquerías cada vez más industrializadas (sistemas de refrigeración abordo, localizadores acústicos y más tarde GPS), los stocks de bacalao, merluza, platija, lenguado y fletán en el hemisferio norte fueron mermando. Una vez desaparecido, las flotas se movieron hacia el sur, a las costas de los países en desarrollo y finalmente a orillas de la Antártida A medida que la abundancia en las aguas costeras disminuía, las pesquerías se adentraron hacia aguas más profundas y finalmente, con la desaparición de los peces más grandes, los barcos empezaron a capturar aquellos peces que nunca antes habían sido considerados adecuados para el consumo humano. A muchos se les puso otro nombre: El sospechoso sebastes se convirtió en el delicioso pez emperador, mientras que la inquietante merluza negra de la Patagonia pasó a convertirse en la saludable lubina chilena. Otros, como el sencillo hoki, se fileteaban de manera que podía pasar desapercibido en los restaurantes de comida rápida y en naves de alimento congelado. Sin embargo esto se esta acabando. En 1950, la recién constituida FAO de las Naciones Unidas estimó que estábamos capturando aproximadamente unos 20 millones de toneladas métricas de pescado (bacalao, caballa, atún, etc.) e invertebrados (langosta, calamar, almejas, etc.) en todo el mundo. Esa captura alcanzó su punto álgido a finales de la década de 1980 con 90 millones de toneladas al año. Desde entonces el número de capturas ha ido en descenso.. En lugar de limitar sus capturas de manera que los peces puedan reproducirse y preservar su población, la industria simplemente ha pescado hasta agotar el stock y luego ha penetrado en aguas nuevas o más profundas para la captura de peces más pequeños y extraños. Por desgracia, no sólo es el futuro de la industria pesquera el que está en juego, también lo está la salud del ecosistema más grande del mundo. Si bien la crisis climática reúne habitualmente la atención en primera plana, la gente, incluso aquellos que profesan gran conciencia medioambiental, siguen comiendo pescado como si hacerlo fuera una práctica sostenible. Sin embargo, comer un rollito de sushi en un restaurante no debería considerarse ecológicamente mejor que conducir un 4×4 o arponear a un manatí.

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Durante los últimos 50 años, hemos mermado las poblaciones de las grandes especies comerciales como el atún rojo, el bacalao y otros peces populares en más de un sorprendente 90 por ciento, una cosa está clara: los peces se encuentran en una terrible situación y si ellos lo están, lo estamos nosotros.

No fue hasta la década de los 90 que una serie de informes científicos demostraron que necesitábamos estudiar y mitigar las mermas de las poblaciones de peces a nivel mundial. Demostraron que el fenómeno, previamente observado a nivel local como la desaparición de las grandes especies y su reemplazo por especies más pequeñas, estaba también ocurriendo en todo el mundo. Fue una conclusión parecida a entender que la fusión económica no era debido al fracaso de un único banco, sino al fracaso de todo el sistema bancario..Y por supuesto, el fin de los peces alteraría los ecosistemas marinos a un grado que actualmente tan sólo estamos empezando apreciar. Esto es, la eliminación de los peces pequeños en el Mediterráneo para alimentar al atún rojo en jaulas está provocando que el avistamiento del delfín común en algunas zonas sea un acontecimiento cada vez más extraño, con una probable extinción local. Otros mamíferos marinos y aves marinas están igualmente afectados en varios lugares del mundo. Además, la eliminación de los máximos depredadores en el ecosistema marino provoca efectos en cascada, con el aumento en la población de medusas y otro zooplancton gelatinoso así como la erosión gradual de la cadena alimenticia de la que los peces forman parte.La explosión de la población de medusas es también cada vez más frecuente en el noreste del Golfo de Méjico y el Mediterraneo donde la aparición de fertilizantes procedentes del Río Mississippi y toda la costa cada vez mas masificada de los países ribereños del Mare Nostrum, estimula los florecimientos descontrolados de algas. Las algas muertas van a parar al fondo del mar que los buques de arrastre de gambas han peinado de todos los animales capaces de alimentarse de ellas, de manera que las algas se pudren provocando zonas muertas del tamaño de Andalucia. Fenómenos similares, de los que únicamente las medusas parecen disfrutar, están ocurriendo en todo el mundo, desde el Mar Báltico a la Bahía de Chesapeake y desde el Mar Negro en el sudeste de Europa, al Mar de Bohai al noroeste de China.

Nuestros océanos, que nos han alimentado desde el inicio de la especie humana, hace unos 150000 años, se tornan contra nosotros como furiosos adversarios.Ese testamento dinámico se hace más antagonista a medida que el cambio climático templa y acidifica los océanos. Se espera que los peces sufran fuertemente las consecuencias del calentamiento global, haciendo esencial que preservemos tan elevados como podamos el número de peces y de especies, de forma que aquellos que consigan adaptarse, evolucionen y propaguen la siguiente encarnación de vida marina. De hecho, la nueva evidencia sugiere con indecisión que esa gran cantidad de biomasa formada por peces podría ayudar a atenuar la acidificación de los océanos. En otras palabras, los peces pueden ayudar a salvarnos de las peores consecuencias de nuestra propia locura, aún así, los estamos matando. Las aguas plagadas de medusas que hoy estamos viendo puede que sean la primera escena de un espectáculo de aguado horror.

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Para detener este tobogán hacia la desaparición de la fauna marina se requiere de la intervención del gobierno. Las agencias reguladoras deben imponer cuotas a la cantidad de pescado capturado al año y la forma en que se estructuren estas cuotas es muy importante. Por ejemplo, el hecho de permitir que todas las pesquerías capturen un número total de pescado al año provoca un derroche de flotas y buques en la competición por capturar tanta cuota como sea posible antes que sus competidores lo hagan. Dicho sistema debería proteger a los peces, sin embargo, es económicamente desastroso: Por lo general, toda la cuota anual se captura en un periodo de tiempo corto, llevando a un exceso de suministro que a su vez provoca una bajada de los precios. La alternativa es limitar el número de pescadores y mantener privilegios de acceso que les permita capturar su fracción asignada del total de la cuota cuando les convenga, sin competir con otros pescadores. Estas cuotas individuales generan un menor esfuerzo de pesca y por tanto, a un mayor beneficio en la pesquería.

Algunos optimistas creen que la acuacultura o granjas de pescado pueden asegurar la salud de los stocks sin la acción del gobierno, una opinión apoyada por las estadísticas de la FAO que demuestran que más del 40 por ciento de todos los alimentos procedentes del mar consumidos actualmente proceden de granja. Aparte de China, donde la mayoría de peces de granja son especies vegetarianas de agua dulce como la carpa, la acuacultura produce principalmente carnívoros marinos como el salmón, que no sólo es alimentado con ingredientes vegetales sino que también se alimenta con pescado y aceites de pescado que se obtienen del triturado de arenques, caballa y sardinas capturadas por las pesquerías. La granja de carnívoros, que requiere de entre tres a cuatro kilos de pescado pequeño para producir un kilo de pescado más grande, roba a Pedro para pagar a Pablo. En términos generales, la acuacultura en occidente produce un producto de lujo. Esperar que la acuacultura asegure que el pescado siga disponible, o al menos, esperar que las granjas de carnívoros solucionen el problema planteado por  las mermadas capturas de las pesquerías es algo asi como esperar que el problema del trafico se solucione sin tomar medidas.

3 Comentarios

  1. Impresionante documento. Pone los pelos de punta el saber que somos totalmente cómplices de esta barbaridad.
    Ahondamos en la trayectoria de involución convirtiéndonos en las generaciones con menos consciencia moral y ética de toda la historia.
    Es el momento de dejar de esperar que otro haga lo que debemos hacer nosotros.
    Compromiso con NUESTRA casa.

  2. Efectivamente, es parte de ese magnifico articulo del que nos hemos permitido hacer eco para su máxima divulgación por su interés e importante contenido.

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