Desafio Mapfre. El VO70 ha superado la barrera de las 500 millas al recorrer, exactamente, 501,3 millas en 24 horas

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Extenuante. Así ha sido el ritmo a bordo del VO70 “MAPFRE” del campeón olímpico Fernando Echávarri que ha superado la barrera de las 500 millas al recorrer, exactamente, 501,3 millas en 24 horas a una media que roza los 21 nudos de velocidad.

Rumbo a San Salvador (Bahamas), el barco “MAPFRE” apunta al Suroeste tras una noche que comenzaba tranquila, pero que cambió radicalmente ya que “hemos tenidos bastante roles de viento y cambios de intensidad. Al principio parecía que iba a ser una noche despejada, pero se ha cubierto bastante. Hemos tenido algún chubasco que otro, pero nada significativo” explicaba Marcos Iglesias desde a bordo, quien añadía: “ahora, después de la trasluchada que hemos dado hace unas horas, estamos buscando un role bueno para ir lo más directos posible”.

 

Desde que comenzó el intento de establecer un nuevo récord en la Ruta del Descubrimiento, el V070 “MAPFRE” no ha hecho más que devorar millas a buena velocidad, como recordaba desde a bordo Pedro Freitas: “No hemos parado de hacer medias de 20 nudos desde que empezamos el intento de récord. Tuvimos que ir al Sur buscando los vientos Alisios y hacer mejores ángulos para que el barco fuera más rápido. Hemos tenido que trascluchar dos o tres veces cada día”.

Para Pedro Freitas, reportero multimedia a bordo del barco “MAPFRE”, el de hoy será un día difícil de olvidar y es que, como explicaba desde el Atlántico: “Tuve la oportunidad de ponerme a la caña del barco un momento. Sé que han sido menos de diez minutos, pero ¡ha sido mi día! Fernando Echávarri estuvo a mi lado, dándome instrucciones y cuidando que no hiciera movimientos bruscos. Estuvo genial el poder surfear olas enormes con 23 nudos… Sí, 23 nudos. ¡Es mi velocidad máxima hasta ahora!”.

Pero la vida a bordo no es sencilla y aunque lo vivido ya es suficiente para Freitas, lo cierto es que el día a día es agotador y el tener que trasluchar supone un esfuerzo extra para la tripulación española: “Es algo que odio, una pesadilla. Tenemos que cambiar todo de un lado al otro. Soy el encargado de cambiar las cosas de la cocina (las bolsas con la comida, los utensilios, las botellas de agua). La peor parte es cuando tienes que hacerlo de noche. Llaman, alguien me da un toque en el pie y me dice: “Trasluchamos”. Entonces te levantas, apenas caminas, el barco todavía salta entre las olas. Te pones la linterna en la cabeza y enciendes la luz roja. Vamos allá, estiras los brazos y respiras profundamente”

 

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